El Sinthome de papel
EXTRACTO
El texto plantea una mirada crítica sobre la forma en que actualmente se aborda el autismo, cuestionando tanto la lógica de la clasificación diagnóstica como aquellas perspectivas que pueden convertir una estructura teórica en un destino fijo para el sujeto. Frente a un contexto social que tiende a excluir aquello que no se adapta a las exigencias de productividad y normalización, se propone recuperar la singularidad de cada persona y escuchar su propia manera de habitar el mundo.
Una de las principales apuestas del trabajo es otorgar un valor central a las narrativas en primera persona. La autobiografía no es entendida como un simple registro de hechos, sino como una construcción mediante la cual el sujeto puede organizar, reinterpretar y dar consistencia a su propia experiencia. Desde Bajtín y Ricoeur, se plantea que la identidad no es algo cerrado y estático, sino que se construye en el diálogo con otros y a través del relato.
A partir de los aportes de Catelli, Arfuch y Hacking, el testimonio autista adquiere además una dimensión ética y política: permite cuestionar las categorías que reducen al sujeto a un déficit y generar nuevas palabras para expresar experiencias que muchas veces no encuentran lugar en el discurso dominante. El denominado “efecto bucle” muestra cómo las clasificaciones pueden influir sobre las personas clasificadas, pero también cómo estas pueden transformar y disputar esas categorías mediante sus propios relatos.
El caso de Temple Grandin ocupa un lugar central. Su escritura, desarrollada con la mediación de Margaret Scariano, es presentada como una herramienta que le permite organizar su experiencia y construir una consistencia subjetiva. Sus máquinas, sus diseños, su relación con los animales y determinados objetos funcionan como apoyos para regular su experiencia corporal y establecer formas particulares de lazo con el mundo. Desde Lacan, el texto denomina a esta escritura un “sinthome de papel”: una invención singular que permite sostener y estabilizar al sujeto.
El trabajo también cuestiona las posiciones dogmáticas dentro del psicoanálisis, particularmente aquellas que conciben el autismo como una estructura fija e inmutable. Siguiendo a Jaime Fernández Miranda, se sostiene que las manifestaciones autísticas en la infancia no deberían convertirse prematuramente en una definición definitiva del sujeto. El diagnóstico no debe funcionar como destino, ya que existe plasticidad y posibilidad de transformación a través de la intervención clínica, familiar, educativa y comunitaria.
Finalmente, se propone una clínica sin recetas universales, capaz de alojar las fijaciones, objetos e invenciones del sujeto como posibles puntos de apoyo, en lugar de considerarlos simplemente déficits a eliminar. El profesional debe acompañar cada caso desde su singularidad y apostar especialmente por la contingencia y la plasticidad durante la infancia.
La conclusión retoma la idea de “tachar para incluir”: cuestionar una inclusión que implique simplemente adaptar al sujeto a las normas del sistema. La verdadera inclusión, desde esta perspectiva, consiste en dar lugar a la diferencia, escuchar el testimonio singular y permitir que cada sujeto pueda construir sus propias formas de estabilización y de lazo social.